REFLEXIONES FEMINISTAS

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Anotaciones feministas sobre Poor Things

Esta es una opinión subjetiva y feminista sobre Pobres Criaturas, el último largometraje del cineasta griego Yorgos Lanthimos. Escrito por Carime Esquiliano Sllim.

La historia sigue de cerca a Bella Baxter y su descubrimiento del mundo. Después de que Victoria se suicida el científico God rescata su cuerpo embarazado para hacer un intercambio de cerebros entre el nonato y la moribunda mujer. Es entonces cuando el organismo regresa a la vida y nace Bella, una hembra adulta con cerebro de bebé quien, conforme crece, así mismo crece su sed de exploración. Como la propia cinta lo anuncia: ella es madre e hija a la vez.

Hasta aquí la premisa es atractiva en tanto la revelación de lo que conlleva la vida misma para alguien que no conoce nada sobre el mundo, pero la película introduce una serie de puntos narrativos sobre los cuales vale la pena ahondar. 

Posiblemente el episodio más fatídico en Pobres Criaturas sea aquel en el que Bella Baxter decide prostituirse. Me gustaría considerar como base que Lanthimos usó como referencia la cinta Bella de día (1967) de Luis Buñuel, la cual nos muestra a una joven esposa y ama de casa pasar sus tardes prostituyéndose. Es importante mencionarlo para recalcar que los varones han hecho y hacen con las mujeres, sus cuerpos y la representación de estos lo que se les hincha la gana y lo hacen desde tiempos inmemorables.

Shere Hite

Entre una, de 1967 (que hubieron otras antes de ese entonces, seguro), y la otra, de 2023, hay un sinfín de largometrajes más dirigidos por hombres que abordan la sexualidad femenina como sea que les plazca a ellos; fortaleciendo así narrativas dominantes que sólo alimentan sus propias fantasías y fetiches sobre cómo las mujeres ejercemos o deberíamos ejercer nuestra sexualidad. Históricamente no tiene comparación la abundante cantidad de ocasiones y para qué fines se ha enseñado el cuerpo de una mujer en pantalla grande. Vamos, de esta forma se interioriza en nosotras lo que en el feminismo llamamos la búsqueda por aprobación masculina y es en sí misma la razón de la cosificación de las mujeres en la cultura occidental. Mucho antes de que a las mujeres siquiera se nos hiciera la pregunta sobre qué sentimos durante el sexo y qué es lo que nos excita, cuando en 1976 Shere Hite realizó la investigación El informe Hite, ellos ya habían hecho declaraciones al respecto por medio de la representación audiovisual.

Por nombrar algunas que se abordan o no necesariamente desde la prostitución, pero que todas hacen hincapié de algún modo en la sexualidad de las mujeres desde su mirada, algunos títulos son: Joven y bella (François Ozon, 2013), Mujer bonita (Garry Marshall, 1990), Lola (Jacques Demy, 1961), Vivir su vida (Jean-Luc Godard, 1962), Showgirls (Paul Verhoeven, 1995), Ninfomanía Vol. I y II (Lars von Trier, 2013), El imperio de los sentidos (Nagisa Ôshima, 1976), La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013), Desobediencia (Sebastián Lelio, 2017), Love (Gaspar Noé, 2015). 

Una película por sí misma es solamente eso. El problema viene cuando son cientos de películas las que repiten una y otra vez el mismo discurso: la prostitución no es grave, es un trabajo, es algo elegido, es algo que empodera, es algo que les gusta, es algo que libera, es un medio de producción, es algo de lo que es fácil salir. Este, estimada lectora, es precisamente el mito de la libre elección que desmenuza Ana de Miguel en su libro Neoliberalismo sexual.

¿De verdad las mujeres necesitamos más representaciones desde la mirada masculina sobre la prostitución? ¿de verdad las mujeres necesitamos prostituirnos para alcanzar la “liberación sexual”? ¿o acaso la prostitución es el siguiente paso a dar después de que ya “nos liberamos”? Así como si la sexualidad de Bella hubiera estado “enjaulada” -que nunca lo estuvo-; ella sí, pero su sexualidad no. Porque francamente seguir repitiendo este discurso solamente lo refuerza y, reforzarlo, es asumir una postura política. 

Basta con leer La industria de la vagina de Sheila Jeffreys, con escuchar a Amelia Tiganus o a Sonia Sánchez, con observar reportajes sobre niñas en Sierra Leona o incluso con escuchar a Georgina Orellano quien contradice la postura abolicionista para hacerse de un criterio en torno a lo problemático que es que los varones “artistas” hoy en día sigan maquillando tanto un asunto tan serio, tan deshumanizante y tan degradante como lo es la prostitución.

Sonia Sanchez
Amelia-Tiganus

Las mujeres en condición de prostitución terminan alienadas, se disocian de sus cuerpos para poder sobrevivir, muchas desarrollan estrés post traumático, se ven orilladas a consumir drogas duras para soportar ser penetradas durante ene cantidad de veces al día, terminan envueltas en un ciclo sin fin de deudas con su proxeneta, lo que les dificulta salir de allí y significa que el nivel económico realmente no mejora para ellas. Ellos lo hacen porque saben que tienen el poder para hacerlo, porque ese es su privilegio masculino. La prostitución es comercializar con humanas, se paga por poder violentar y someter un cuerpo ajeno, es explotación directa sobre el cuerpo de la mujer. Ya lo dijo François Héritier: “decir que las mujeres tienen derecho a venderse es ocultar que los hombres tienen derecho a comprarlas”.

Una película no sólo es qué representa sino cómo lo representa y no es sólo cómo lo representa sino también qué mensaje es el que realmente está comunicando. En Pobres Criaturas el mensaje es claro y patriarcal: en el patriarcado, todas las mujeres, incluso las monstruo, son prostituibles. En una sociedad civilizada esta práctica nunca sería una opción para ninguna mujer, de ninguna raza, de ninguna clase social.

La cinta ha tenido el impacto masivo que toda la filmografía junta de Lanthimos no tuvo en su momento. Tanto se ha comentado al respecto que para nadie es sorpresa el hecho de que tiene contenido sexual explícito. Es decir, escenas de Emma Stone sosteniendo actos sexuales con múltiples hombres (haciendo énfasis, claro, en su vínculo con el personaje de Mark Ruffalo). Transitamos una época en donde la inteligencia artificial denota ya sus alcances machistas y misóginos. Mientras que Taylor Swift, junto con una larga lista de figuras públicas más como lo son Scarlett Johansson, Margot Robbie o Emma Watson han tenido que accionar legalmente para que las imágenes pornográficas con sus rostros, generadas con inteligencia artificial que deambulan por todo internet, sean eliminadas y haya consecuencias, Emma Stone le hace el trabajo al patriarcado prestándose ella misma a desnudarse y sostener los códigos audiovisuales sobre la hipersexualización de la mujer. ¿Cuántos hombres están yendo a ver la película solamente para verla desnuda, para verla coger? ¿Es esta la identificación que pretenden generar en la audiencia femenina? Ah, pero es que su actuación es transgresora, diría la opinión pública. Que un cineasta varón utilice a una actriz bella y popular para enseñarla desnuda, sépanlo, no es nada innovador. 

En este mismo sentido llama la atención el acercamiento que el filme tiene en torno a la masturbación (femenina). Es desde una etapa muy temprana en la vida de Bella que ella se auto explora para descubrir, por sí sola, la felicidad cuando ella lo quiera (como lo establece el diálogo textual). En efecto, es importante eliminar el tabú y reconocer que la masturbación es inherente a la sexualidad (humana), que es parte del autoconocimiento y es algo natural. La masturbación permite acercarnos al erotismo, al deseo y a una misma, algo que históricamente se le ha negado a la mujer, pero eso no tendría que significar caer en el otro lado de la balanza y presentar múltiples escenas de la actriz haciéndolo en principio porque con una sola escena basta para entender el punto, en segunda instancia porque es una invitación a hacerlo con manzanas (sí, la fruta), y finalmente porque regresamos a lo mismo: ¿hasta qué punto, presentar tantas escenas de la personaja masturbándose es fomentar el imaginario colectivo y -en este sentido- es abogar por complacerlos y excitarlos a ellos? En contraste recuerdo una escena de la serie Good girls revolt (Dana Calvo, 2015-2016) cuando en un capítulo la personaja de Erin Darke se masturba: lo hace como las mujeres realmente lo hacemos, no como a los cineastas varones les gusta creer que lo hacemos. 

A ver, las feministas no estamos diciendo que las mujeres deberíamos de reprimir nuestra sexualidad. Entender el feminismo es entender que eso es directamente lo que el patriarcado ha manipulado en nosotras desde siempre. La propuesta, más bien, es la de habitar nuestra sexualidad sí con erotismo, sí de manera libre, consensuada, desde el autocuidado y el deseo, sí experimentarla, pero siempre buscando ponernos también a nosotras mismas en el centro de la práctica sexual y no sólo a la contraparte, buscando que el gozo sea mutuo y no sólo hacia la otra o el otro. O, vamos, simplemente sin que nuestra sexualidad simbolice que somos una posible moneda de cambio. La propuesta es generar un entendimiento sobre que lo personal es político y que publicar fotografías semi desnudas de una en Instagram (que claramente apuntan hacia la cosificación) es -nuevamente- caer en el mito de la libre elección. 

El último comentario que quisiera abordar en cuanto a la sexualidad se refiere es aquel que ha rondado ampliamente en redes sociales. Si Bella Baxter es una recién nacida, si su cerebro es la de una bebé que paulatinamente se va desarrollando, ¿a qué edad realmente es que ella empieza a sostener relaciones sexuales con hombres? ¿A los 8, 10, 12 años? ¿En dónde queda el consentimiento cuando posiblemente no haya un progreso cognitivo suficiente? Muchas y muchos han hecho un apunte literal sobre que la ficción en realidad está subrayando un tinte en torno a la pedofilia al no esclarecer la edad en la que Bella inicia sus prácticas sexuales con otros. He de decir que este me parece que es un análisis literal cuando, como me lo explicó una amiga cercana, la deducción podría ser metafórica. Es decir, este punto en específico -a mi parecer- no debería de ser tomado de una forma tan realista considerando lo performático que es el filme en general porque -de hacerlo- entonces no podríamos siquiera dar por verdadero el origen de Bella. Como referencia recomiendo este vídeo que explica los planos de fantasía y realidad entre los que se puede mover una pieza. Sin embargo, al ser este un texto con intenciones feministas también me importa decir que el dejar este tema abierto a la interpretación del espectador en una sociedad en la que la pedofilia se suscita todos los días alrededor del mundo, tendría que pensarse dos veces sobre lo que sí es significativo explicar o no dentro de una narrativa. No por nada tanta gente ha hecho la observación.

Lo siguiente ha de ser mencionado también. Dejando de lado toda cuestión relacionada a la “liberación” sexual de Bella Baxter, es cierto que los hombres que cruzan por su vida tienen un común denominador: abusan de ella de una forma u otra. La inferencia sobre que los verdaderos monstruos en realidad son ellos es indiscutible. Si bien no fue violada por God, casi que fue gracias al “espíritu santo”; como él mismo declara: sus sentimientos paternales pesan más que los sexuales. Sobre el personaje de Mark Ruffalo, la muestra que da respecto a las fallas de la masculinidad y su falta de responsabilidad afectiva también se podría profundizar. El personaje del final, el marido original, violento por donde se le vea, también expone lo vulnerables que somos las mujeres al sostener relaciones heteronormativas, es verdad. A pesar de esto quiero rescatar una última idea: Bella logra escapar al control que todos ellos ejercen sobre ella, lo cual es de celebrarse. ¿Es esta la emancipación y autonomía que deberíamos buscar todas? No sin detallar que no lo hace por una consciencia (feminista) sobre las implicaciones de ser mujer en una sociedad patriarcal, sino porque así se mueve ante la vida, sin más ni menos, sin filtros ni tapujos ni una previa socialización. 

Para saber cuando un largometraje es feminista primero hay que saber lo que es el feminismo. El feminismo, en tanto que es teoría y pensamiento crítico, ha de señalar cuando las representaciones sobre las mujeres en cine caen en propuestas sexistas. Si bien Pobres Criaturas no es una película feminista, tampoco tendría por qué serlo (así como tantas, tantas, tantísimas películas más). Todo esto lo escribo porque no hay que obviar. Para muchas compañeras los planteamientos teóricos y motivos de lucha del movimiento son desconocidos. Qué mejor que poder ejemplificar las manifestaciones machistas a través de una cinta tan masiva como esta. 

Si como compañera lectora tienes “un gusanito” dentro de ti que te llama a querer entender cuando una película es feminista y cuando no lo es (que eso daría pie a otro ensayo, partiendo incluso desde la premisa que quizás eso no sea siquiera del todo posible), te invito a que pongas en práctica lo siguiente. Piensa y reflexiona cómo está siendo la representación de la(s) mujer(es) en la escena y qué es lo que el producto audiovisual realmente está queriendo comunicar, medita sobre qué hay detrás. Sin más, estas palabras son sólo una invitación a ejercitar el pensamiento crítico y decir que, al observar una obra audiovisual como esta se puede ser crítica desde el feminismo y -al mismo tiempo- es válido que agrade por otros motivos. Si cuenta con valores estéticos y cinematográficos o no, esa será historia para otro texto, uno sin gafas moradas puestas.

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Agradecimientos especiales: a mis amigas Rosana Díaz y Monserrat Peña por rebotar ideas sobre la película conmigo. Agradezco que formen parte de mi vida y que podamos pensar en conjunto. Igualmente a mis amigas Azucena Rangel e Irais Reynoso por sumar con referencias y bibliografía. Las quiero mucho a todas.

Carime Esquiliano Sllim

Feb 22, 2024 | Feminismo Radical

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