REFLEXIONES FEMINISTAS

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Calla y Supera:

El mandato silencioso tras la pérdida perinatal

Por: Linna Corona

Calla y Supera: El mandato silencioso tras la pérdida perinatal

“Felicidades por tu embarazo hijita, pero no le digas a nadie hasta que tengas 3 meses por si lo pierdes” La mayoría de las mujeres que hemos vivido un embarazo hemos escuchado esta frase o similares y sabemos que por lo general vienen con buenas intenciones, con el afán de evitar incomodidad y dolor en caso de que enfrentemos una pérdida perinatal, pero, ¿Por qué debemos vivir nuestra pérdida en secreto y aislamiento?; ¿A quién le estamos evitando la incomodidad realmente?. 

La sociedad espera que todos los embarazos sean puras flores, colores y baby shower con temática de conejitos, siempre con la expectativa de que todo saldrá bien, y cuando no es así, cuando no vives el embarazo idealizado, antes de siquiera identificar tus emociones alrededor de la muerte gestacional, te invade una culpa tremenda y miedo al juicio social. 

La pérdida perinatal, en el sentido más amplio, se refiere a la muerte de un bebé en cualquier momento durante el embarazo, el parto o poco después del nacimiento, causando un impacto emocional, físico y social para la mujer gestante. Al reconocer que toda pérdida, sin importar el tiempo de gestación, o el tiempo de vida de bebé puede ser una experiencia profundamente significativa validamos el duelo y las emociones que experimentan las mujeres que lo enfrentan, sin embargo, esta validación está ausente en la mayoría de los casos debido a nuestro contexto cultural, un contexto en el que la pérdida perinatal es completamente tabú y por tanto, en el que la muerte perinatal se silencia, se minimiza o se invisibiliza, como si el tamaño de una herida emocional dependiera exclusivamente del tiempo vivido de la persona que ha muerto. 

Se espera que las mujeres retomen su rutina rápidamente, sin espacio para el duelo, esta falta de reconocimiento no sólo deslegitima su experiencia, sino que también dificulta el proceso de sanación.

Según la Clínica Mayo, aproximadamente entre el 10% y el 20% de los embarazos reconocidos (es decir, que la mujer sabía que estaba embarazada)  terminan en aborto espontáneo. Sin embargo, las estimaciones indican que, al considerar todos los embarazos, incluyendo aquellos en los que las mujeres desconocen su estado, entre el 50% y el 60% terminan en una pérdida gestacional, estos datos me hacen cuestionarme; ¿Cómo puede ser algo tan común y al mismo tiempo tan silenciado?

Admito que este silencio viene de un profundo dolor, al ser una pérdida que muchas vivimos sin tener un cuerpo que enterrar, para el que no existen rituales, ni nombres; porque existen nombres para ”huérfana” y “viuda” pero no para nosotras, porque se nos hace pensar que es antinatural que las madres nos despidamos de nuestros bebés, esto desencadena en que muchas simplemente no queramos revivir el dolor al contarlo, además de que realmente no hay un espacio seguro para hacerlo, ya que constantemente se nos re-victimiza; tras una perdida lejos de vivir acompañamiento y empatía nos inundan con frases como: “te dije que no salieras ese día” “Tenemos que hacer análisis inmediatamente para ver que salió mal”, y si bien es cierto que para el sistema de salud la muerte es su más grande fracaso y que las personas que nos dicen frases como: “Vas a ver que rápido te embarazas de nuevo y ya no te vas a acordar de esto”; lo hacen con afán de ayudar; cierra por completo la línea de comunicación y terminamos por continuar con el mandato de silencio que se nos impone por no hacer sentir mal a los demás por este duelo que nadie entiende, que a nadie le pasa y que a su vez nos pasa a tantas, este silencio social se siente como un “No hables más de eso, no sé cómo acompañarte, tal vez fue tu culpa, y en realidad no es tan grave como para seguir triste”.

Tras vivir mi propia perdida me di cuenta que el mayor impulso para desafiar este mandato viene de la ternura y la comunicación entre nosotras, eso de que “Las amigas te salvan la vida” ha probado ser muy cierto, pero creo que tiene que ver con que las amigas que te ayudan a procesar lo que vives con escucha activa, con empatía y con su amor sin juicios te salvan la vida; porque hablar de la pérdida perinatal no nos hace débiles, ni problemáticas, nos hace humanas.

Dejar de callarnos ciertos temas y ocultarnos nuestros duelos entre nosotras es un acto de valentía, pero también de amor. Nombrar lo que duele, compartir lo vivido y validar nuestras experiencias abre caminos para sanar y acompañar.

Ya es hora de romper el silencio que nos impusieron y de tejer redes en las que la maternidad —en todas sus formas, incluso en la pérdida— tenga un espacio digno, amoroso y real. Para que seamos los espacios seguros de otras y ninguna más tenga que atravesar su duelo en soledad.

-Linna Corona, Educadora perinatal y acompañante de procesos fisiológicos femeninos. 

@Matrina.ep 

Mar 28, 2025 | Feminismo Radical

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