REFLEXIONES FEMINISTAS

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Círculos de mujeres, nosotras compartiendo y sanando

Por Tessa Galeana

Por mucho tiempo, a las mujeres se nos prohibió reunirnos, hemos sido relegadas de espacios en los que nosotras podamos converger, por lo que la creación de espacios en los que podamos externar pensares, sentires, aprender, enseñar, guiar, además de encontrar la sanación y reconexión, son valiosos e indispensables.

Los círculos de mujeres son, precisamente, una forma de converger entre mujeres, para compartir y sanar juntas, y así como somos de diversas, también lo son los círculos. En esta ocasión, traigo para ti una entrevista a mujeres que nos dirán más sobre los círculos de mujeres, de acuerdo a su contexto, realidad y formas de converger.

¿Qué es un círculo de mujeres?

Marisabel Macías Guerrero: Podría describirlo como un espacio (físico o virtual) de encuentro, de conexión profunda entre mujeres. Un lugar de diálogo, escucha, de reflexiones y hallazgos. Me gustaría precisar que, para mí es un círculo por lo insondable de dicho símbolo, porque todas las partes están interconectadas y se concentran en un centro compartido por todas. También agregaría que es un círculo porque con su propia forma –en el sentido más amplio- transgrede la visión lineal y jerárquica de occidente, de lo patriarcal.  

Se habla de un círculo, porque todo lo dicho, reflexionado, aportado y creado, nutre a cada una de las participantes e igualmente al centro de la colectividad y lo más íntimo. Porque es un espacio donde se invoca el poder de cada una y, al mismo tiempo, la fortaleza conjunta, de la comunidad.  

Un círculo de mujeres, como propuesta, es una forma de sociabilidad y hermandad que ha tenido lugar desde hace siglos, por no decir que desde el momento en que las mujeres se encontraron en la tierra; a veces con un sentido místico, de sanación, artístico, intelectual, de algún aprendizaje o formación específica, o bien político, según la época y contexto.

María Eugenia Márquez León: Un espacio Sagrado de reflexión y acompañamiento que gira en torno a lo que significa ser mujer y los distintos escenarios en los que nos movemos.

Círculo de Lectura “Las mujeres por nosotras mismas”: Un círculo de mujeres es una manera de nominarle a la reunión de mujeres en donde todas las opiniones importan, donde se concibe como valor primordial la horizontalidad y el conocimiento, los saberes, las reflexiones, el cariño y la amorosidad circula en movimiento constante.

En particular, el círculo de lectura ha sido definido por las integrantes como un espacio donde se respetan las opiniones, un espacio de confianza, donde se escucha con atención a cada una de las participantes, es, además, un espacio alegre, crítico, analítico y, sobre todo, amoroso.

La identidad del círculo de lectura Por nosotras mismas se define colectivamente de este modo:

Somos una colectiva de mujeres con conciencia de género que buscamos deconstruir, a través de la literatura y escritura como principales herramientas, los roles y estereotipos que oprimen a las mujeres. Disfrutamos y descubrimos mundos a través de las letras, encontramos en el placer por la lectura el vínculo que nos une y visibilizamos la literatura creada por mujeres desde una postura feminista. 

Con el paso del tiempo hemos construido un espacio propio para nosotras, en el que las palabras, las experiencias, las reflexiones y la sororidad desembocan en logros colectivos y en las relaciones de amistad construidas entre nosotras, con la posibilidad de ser auténticas, diversas y fortalecernos con nuestra compañía en el tránsito por el mundo patriarcal.

Trabajamos en colectivo para sobrevivir al patriarcado y promover la lectura de mujeres entre mujeres desde la mirada feminista, en la construcción de nuevas formas de relaciones y en la idea de sabernos vivas para contar nuestras historias y de las que no están en este espacio y tiempo.

Cecilia Arredondo: El círculo de mujeres para mí es un espacio para compartir,  crear, convivir, preguntar, discutir, aprender, transformarnos entre nosotras

¿Cómo funciona en tu contexto y realidad?

MMG: Me limitaré a hablar de los círculos a los que he asistido y los que he facilitado. He asistido a pocos círculos, pero todos ellos (de lectura y reflexión feminista) han funcionado de manera similar, de manera colectiva se deciden las lecturas, las sesiones se fijan en cierto lugar y hora de manera recurrente, cada sesión coordina alguien distinta. Se asiste dispuesta a compartir las impresiones de la lectura, los hallazgos, las elucubraciones al respecto, y casi siempre se comparte también alguna bebida o refrigerio, así como –gozosamente- la vida misma. En alguno que asistí se realizaba un ritual antes de iniciar y al concluir la sesión, algo para pronunciar la intención o para agradecer.

Respecto a los círculos que he facilitado, todos han sido relativo a tres temas: escritura, feminismo y erotismo. Debo decir que algunos han tenido cuota de recuperación económica, otros no. Para todos los círculos preparo material y un programa semi-estructurado con lecturas y ejercicios pensados especialmente para cada grupo. Han sido presenciales y virtuales. Han asistido diversas mujeres, de distintas edades, ocupaciones y contextos. El juego siempre es un elemento presente. Mi papel siempre es el de facilitadora, moderadora, para asegurar de cierta forma que haya un ejercicio horizontal y una distribución equitativa del tiempo, según las necesidades de cada mujer que lo integra. Eso sí, más allá de todo, la voz, la escucha, las experiencias de las mujeres son el centro.
Eso en cuanto a la forma. Pero, si me remito al fondo, a la función de dichos círculos en su potencialidad trascendental. Diría que funcionan como una red que concentra en cada fibra amor, pasión, amistad, alegría, conocimiento, fuerza, conciencia y empatía.

Me gustaría compartirte que, al inicio visualicé estos círculos como algo meramente intelectual, filosófico, pero desde el primer momento el círculo –su dinámica propia, interior- me mostró su energía creativa y creadora, nutrida por las mujeres que lo conformábamos. Y así ha sido desde entonces, cada círculo se estructura con cierta metodología desde una perspectiva feminista, lúdica, y al contacto con las otras, cuando el grupo sesiona, surge la potencia reveladora que nos conecta a todas, que no sitúa, nos susurra, nos contiene y nos entrega; según los deseos y necesidades de cada una-todas.

MEML: Para mí es fundamental tanto formar parte de alguno como tejerlo y convocar. Es el espacio de contención y presencia incondicional donde me siento segura.

CL: Funciona como un grupo de lectura, pero también es un espacio de confianza donde podemos desahogarnos o compartir nuestras experiencias. Nos vemos los jueves cada 15 días. Cada integrante, de manera rotativa propone una lectura y todas debemos llegar leídas para comentar a lectura y abrir todas las posibilidades temáticas en torno a ella. La lectura se convierte en un pretexto para la reflexión o para el desahogo. Generalmente, la que coordina la sesión nos pone actividades como poslectura, por ejemplo, escribimos, dibujamos, recortamos, hacemos muñecas, etc. En ocasiones nos identificamos como colectiva, ya que abrimos espacios de aprendizaje mutuo, como sesiones abiertas de lectura, talleres sobre género, prevención de la violencia, intercambio con defensoras de derechos humanos, activismo, entre otras acciones colectivas con y para mujeres.

Actualmente, por el contexto de pandemia, optamos por realizar nuestras sesiones desde lo virtual, aunque ha sido más difícil coincidir todas, lo que ha modificado el ritmo de nuestro círculo al espaciar más los encuentros y posponer las lecturas propuestas.

CA: Se han convocado estos círculos alrededor de temas como la lactancia materna, crianza y feminismo, ahora lo que se busca es la continuidad de estos círculos.

¿Cómo sanamos las mujeres a partir de los círculos?

MMG: De diversas formas. Considero que cada una tiene sus procesos, ritmos, lugares, formas distintas de sanar y qué sanar. Por mi experiencia en círculos de mujeres, creo firmemente que escucharnos, levantar la voz, compartir la palabra, escuchar a otras, reflexionar juntas, escribir, mirar a través de los ojos de otra mujer, reflejarte en otras, acompasar los latidos del alma, abrazar los sentipensares colectivos e individuales, intentar comprender, jugar, todo eso nos sana. Crear juntas, pensar el mundo entre todas, parirnos de nuevo, en compañía de otras, dejando atrás todo lo aprendido que es dañino, con el soporte colectivo, eso nos alivia de muchas formas, en diversos momentos. Sin duda.

MEML: Porque nos espejeamos unas en otras, creamos redes de apoyo y contención, nos sabemos en un espacio seguro para ser quienes somos sin juicios y desde ahí vemos la vida y la relación entre mujeres desde otro mapa más amoroso y empático.

CL: En el círculo de lectura hemos identificado muchos logros colectivos, que por una parte tiene que ver con lo individual y por otra en lo colectivo.

En lo individual hemos obtenido muchos aprendizajes y conocimientos sobre escritoras y literatura femenina, también de realizar lecturas de obras literarias desde una perspectiva feminista. Nos hemos fortalecido emocionalmente una a una, porque ha servido como espacio terapéutico. Hablar en espacios de confianza nos ha posibilitado sanar algunas heridas.

En lo colectivo, hemos construido un espacio con metodologías que nos ayudan a hacer autoconciencia, pero también hemos construido nuevas maneras de relacionarnos entre nosotras y a fomentar entre nosotras el autocuidado. El autocuidado forma parte de nuestras prioridades.

No sé si podemos decir cómo sanan las mujeres, porque en este sistema patriarcal todo el tiempo estamos en la búsqueda de sanar. Algunas hemos sentido que sanamos hablando y escuchando, leyendo, identificándonos, buscando nuevas maneras de ser mujer, pero no podríamos asegurar que todas hemos sanado, o todas hemos sentido que sanamos.

A pesar de ello, consideramos que la escucha, la reciprocidad, la compañía (y el acompañamiento), reflejarnos y sostenernos entre nosotras es vital e importante ante una realidad que es cruenta, de manera particular con las mujeres.

CA: Resulta muy ilustrador compartir entre mujeres, cuando te das cuentas y escuchas que compartimos las dudas, escuchar los consejos, las vivencias, las formas de afrontar diferentes situaciones de las compañeras, te sientes identificada, protegida y segura. El compartir saberes y vivencias es sanador para nosotras.

¿Por qué cada vez es más necesario crear espacio para nosotras?

MMG: Los círculos de mujeres son un respiro en este sistema podrido y asfixiante. Son una grieta en el oscuro muro del patriarcado. Por eso son necesarios. Porque son una forma, no sólo de sobrevivir ante tanto caos y confusión, ante una pandemia mundial, ante la pandemia feminicida, sino de sanar, de aprender juntas, de aclarar el panorama mundial y local, de aliarnos contra lo que nos oprime. Son una forma de leernos con todo el cuerpo. Estos espacios son necesarios porque permiten que cada vez más mujeres abracen la conciencia feminista, se politicen, tejan redes de apoyo, creadoras y creativas. Estos espacios son importantes porque nos permiten reconocernos y experimentarnos desde otros lugares, mucho más dignos, afables.

MEML: Porque son espacios seguros donde nos convertimos en tribu y donde todas nos apoyamos, cuidamos, escuchamos y sanamos.

CL: Porque entre nosotras creamos burbujas que nos permiten sostenernos de la violencia machista. Es necesario por supervivencia. Para sentirnos reflejadas en las vivencias de las otras, para crear formas de cuidado y cariño desde otros lugares, para sentirnos acompañadas. Para compartir-nos. Para aprender juntas. Porque son espacios de resistencia.

CA: Es urgente y necesario tener espacios para nosotras, compartirnos lo que nos resulta relevante, es una forma de honrar quienes somos y serán un gran legado para las niñas y mujeres jóvenes.

¿Se crean redes sanas y duraderas a partir de los círculos?

MMG: Por mi experiencia diría que sí, no siempre y no con todas, pero creo que siempre se puede encontrar un círculo de mujeres en el que encontremos refugio y seamos refugio de otras; en el que encontremos dignas aliadas.
He facilitado círculos en los que la complicidad y el cariño surgen desde el primer momento, la solidaridad, la atenta escucha. Y he visto como de ahí surgen redes sanas, respetuosas e intensas, trascendentes. Claro, he visto que no todas las que inician permanecen, pero no por un asunto de enemistad o descontento, sino casi como algo que debe pasar, por cuestión de horarios, ocupaciones o búsquedas distintas se separan del grupo, pero las demás permanecen. Y me gusta pensar que esas mujeres que salen del círculo, es porque conforman otro al que pertenecen.

MEML: Absolutamente, incluso después de terminado el proceso o ciclo del círculo la red permanece sosteniéndonos y es maravilloso ver cómo cada mujer encuentra su brillo y su poder a partir del acompañamiento de su manada.

CL: En nuestro caso, sí, tenemos más de seis años juntas. Las redes sanas las tenemos que construir y después de un par de conflictos no resueltos con algunas ex integrantes, ideamos maneras para resolver los conflictos, apostamos por el diálogo y la comunicación directa, por distinguir las actitudes que nos molestan y hablar desde el respeto y la honestidad, con ánimos de transformar eso que nos está lastimando. Intentamos no darle cabida a los malos entendidos, nos apoyamos entre nosotras y desde los diferentes medios, nos sabemos ahí, las unas para las otras. Como todas las relaciones, se tienen que cuidar (abonar, regar, podar, contemplar, mirar nuestras flores, vernos sin hojas, como plantitas) para que puedan permanecer en el tiempo.

CA: Estoy convencida de que se crean redes sanas y duraderas a partir de los círculos, aún queda mucho camino que recorrer, pero aprender a relacionarnos entre mujeres sanamente es un objetivo importante.

Menciona a otras mujeres que también creen o hayan creado círculos de mujeres y que te hayan ayudado a sanar:

MMG: Laura Lecuona, hace tres años inició un círculo de lectura de clásicos del feminismo radical, ahí me inicié formalmente en el feminismo desde la colectividad. Ese círculo me brindó amistad, cobijo, conocimiento y reconocimiento cuando recién llegué a Ciudad de México.

De ese mismo círculo, que por cuestiones diversas ya no sesiona, conservo buenas amigas-hermanas de lucha, que a su vez conformaron círculos con otras mujeres: Denisse Gómez-Retana y Zayra Uribe, por ejemplo.

Semillas literarias es un círculo que inició casi por accidente, que se mantiene y que ha sido importante para mí y para todas las integrantes. Es de literatura y feminismo. Ese círculo es coordinado por todas: Daniela Caballero, Michel Campos, Katia Albertos, Tatiana Llamas, Julieta Téllez, Karla Aguilar, Illari Aldrete, Patricia Valenzuela, Ximena Canseco, Wendy Lara e Itzel Cervantes.

MEML: Paloma Díaz Salas, Roxana Aguilar Camacho, Giannina Leyva.

CL: Una de las mujeres que integran este círculo ha tenido la oportunidad de participar y formar círculos de mujeres, a través de cantos rituales para la sanación y otra experiencia sobre lectura conjunta de Mujeres que corren con los lobos. También hay otras compañeras que son madres y que han impulsado espacios de encuentro con otras mujeres que maternan.

CA: Recuerdo con mucho cariño el primer círculo de lactancia al que asistí, lo dirigía Lourdes García en Monterrey, y en Chiapas la persona que ha estado cerca de mi y me ha apoyado en la creación de la Escuelita Feminista es Karen Padilla.

<<Fin entrevista>>

#SomosLuna

Dic 20, 2020 | Feminismo Radical

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