REFLEXIONES FEMINISTAS

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Escribir para sanar

Por Blanca Sarre

Cuando tenía 16 años fui violada, hablé abiertamente por primera vez sobre el asunto 22 años después, durante 10 años pasó desapercibido, lo bloqueé hasta que empezó a hacer ruido en mi cabeza. La verdad es que no fue hasta los 26 años que lo hice consciente, estaba en un retiro de estos donde te hacen escribir toda tu vida en una noche y después leer todo lo que escribiste a una persona. Por un momento me negué a leerlo en voz alta y la persona que me escuchaba insistía que leyera todo, obviamente ya se había dado cuenta que quería omitir esta parte, lo que escribí relataba cómo una noche había salido con mi prima, su vecino y un amigo del vecino, y me había puesto tan borracha que no recordaba mucho de la noche y que amanecí desnuda envuelta en una sábana y tirada en el piso.

La persona que escuchaba dijo: “te violaron, eso es violación” y yo me enojé, ya no quería leer nada, hice caso omiso a lo que dijo y continué leyendo enojada, realmente la historia que escribí estaba enfocada a una etapa de rebeldía en mi vida, mientras en casa, mamá y papá peleaban diario.

Así que la noticia de lo que viví me cayó como bomba y como por arte de magia quedó bloqueado en mi memoria de nuevo, está de más decir que salí de este retiro fingiendo alivio y felicidad, cosa que mi mamá notó e hizo referencia a ello con una frase que decía algo así como: “No tienes el mismo brillo en lo ojos como la primera vez” (si, está era mi segunda vez en ese retiro y el primero fue bastante liberador). Y pues, tenía razón mi madre.

Los años pasaron sin recordar el asunto, sin embargo en mis años de activista cada que se mencionaba la palabra “violación” algo retumbaba en mi cabeza y justo en este tiempo, en unas vacaciones con mi hermana, una de sus amigas también fue violada; este fue un momento clave, porque ella tuvo un grupo de amigas y familia que la contuvieron, sostuvieron y estuvieron ahí, tanto así que después de unos días hicimos un viaje a una playa hermosa y la situación me movió y una noche mientras nadábamos en el mar, con un par de copitas encima, le dije a mi hermana que yo también había sido violada y creo que ni la dejé hablar, al segundo le dije que también tenía ganas de ir al baño y salí del mar a buscar donde hacer pipí. La historia quería salir, quería hacer ruido pero yo aún no quería aceptarla del todo y de nuevo volví a guardar el recuerdo en mi cabeza, esta vez con candado doble para que no escapara. Y bueno… luego llegó el Feminismo casi casi de la mano con la adolescencia de mi hijo mayor.

Por un lado, el Feminismo, sin saber aún que era exactamente me hablaba de violaciones, abusos, feminicidios y un montón de campañas en contra de la violencia machista, misógina y patriarcal, y llegó el hashtag #miprimerabuso; se me ponía la piel chinita, los ojos llorosos, un constante nudo en la garganta y una indignación sofocante cada que leía historias. Empezaron a llegar al muro en Facebook, historias de mujeres que no conocía, después de mujeres que conocía pero que no eran ni amigas ni familia, sentía esta cosquillita por escribir pero no me atrevía y de repente empezaron a llegar historias de mis compañeras activistas, de mis amigas y decidí escribir mi historia.

Así que escribí #miprimerabuso, la historia de cómo un tipo me siguió en la calle hasta el lugar al que iba, un banco repleto de gente y se embarró todo lo que pudo contra mi cuerpo; cabe mencionar, que este abuso fue muchos años después de la violación y que el recuerdo no cruzó mi mente, seguía bien guardado, también debo aclarar que #miprimerabuso no fue en realidad el primero, pero es el que más me ha impactado.

Y bueno, mientras el Feminismo me seguía bombardeando, en casa el adolescente empezaba a salir, empezaba a hablar de chicas, empezaba a tomar alcohol y empezaba a llenar su celular con fotografías de mujeres en bikini y después de un tiempo (porque postergue mucho esta plática) y un evento en el que fue irresponsable, bebió de más, no se cuidó y puso su vida en riesgo, me senté con él a platicar y no se en que momento, después de una plática intensa, de por qué tiene que medirse con el alcohol, se volvió a fugar el recuerdo…

el evento se desbloqueó y se lo dije: “no seas tú el chico que violó a tu mamá, se el chico que cuida de la chica inconsciente, el que la lleva a casa a salvo, le ayuda a bajarle la peda, la mete a la cama y se queda a cuidar ¡¡¡Se esa persona!!!”, le grité y nos abrazamos.

Este incidente se dio mientras estaba en un Círculo de Mujeres, una terapia que duró 13 lunas, el recuerdo era una ollita exprés que pedía lo liberaran a gritos, en la luna número 9, después de varias lunas donde escuché otras historias de abuso y violación pues explotó y hablé de ello con detalle, lo más que recordaba, cómo sentía que el universo había estado en mi contra y había acomodado todo para no tener un grupo de contención en ese momento, cómo mi mamá y papá llevaban meses discutiendo porque mi papá no quería irse de casa, a pesar de serle infiel por casi 13 años, tiempo después mi mamá casi termina en el manicomio, porque mi papá la rompió, la llevó al borde de la locura y una noche la encontré frente al espejo cortándose el cabello, ahogada en lagrimas y repitiendo hasta el cansancio que Dios no existe (mi mamá es súper católica) y yo harta de las peleas, encontraba refugio en mis amigas y cuando ellas no estaban disponibles, salía a donde fuese, una noche terminé saliendo con el primo de una de ellas, no regresé a casa, mi papá puso el grito en el cielo, se enteró medio mundo, el lunes en la escuela mis amigas no me bajaron de ‘puta’ y repitieron constantemente que estaba echando a perder mi vida… y pues, ahí todo se fue al carajo, porque ya no tenía amigas, ni una familia a la cual contarle cómo chingados me sentía (mi hermana y hermano eran muy pequeños) y pues terminé un fin de semana saliendo con mi prima, su vecino y su amigo a Cuernavaca, tomamos antes de irnos, tomamos en el coche, tomamos llegando al lugar y tengo vagos recuerdos de lo que pasó, hasta que desperté desnuda en el piso, envuelta en una sábana y junto a un condón sucio.

Y entonces, escribo todo esto y me doy cuenta que con razón lo guardé y no lo quise aceptar durante tanto tiempo ¡22 pinches años carajo! No fue el universo el que estaba en mi contra, era el maldito patriarcado, que como veneno se aferró a la piel de mi papá (sigue aferrado por cierto) disfrazando su misoginia y machismo con amor y estabilidad económica, mientras andaba de picaflor por otros lados.

Ese maldito patriarcado, que también como veneno inundó nuestras mentes para juzgarnos siempre entre mujeres, fungió como juez en el corazón de quienes eran mis amigas en ese entonces y me dejó sin un grupo de apoyo con el cual podía desahogarme.

Y bueno, está de más decir que este maldito patriarcado fue cómplice del violador, quien decidió no respetar mi cuerpo inconsciente y dejarlo tirado en el piso, como un pedazo de basura… ¡¡Pff!!…

Después de platicar esto en el Círculo de Mujeres, sentí que tenía que contárselo a mi grupo de apoyo, mi familia, le conté a mi hermana y mi pareja quienes me acobijaron y abrazaron, de verdad necesitaba eso, después de tanto tiempo, el mejor remedio fue su apoyo incondicional, sin cuestionarme o juzgarme. Quien no pudo dejar de cuestionarme fue mi mamá, me dolió en el alma no encontrar cobijo en sus brazos, no me dijo directamente que yo había buscado esa situación, más bien contó cómo una de las hijas de su amiga también había vivido algo parecido y al final solo dijo: “Era como si ella se lo estuviera buscando”.

En fin, la vida sigue y llegó el 8M de este año (2020), fue un día increíble y súper emotivo, después de la marcha tuve una ‘date’ con una amiga y platicamos de mil cosas, le conté, terminamos llorando y abrazadas en un café del Centro.

Después de ese 8M no he vuelto a hablar del asunto, escribí todo esto después de una clase de Feminismo, donde hablamos de la música y el papel de la mujer en la industria; al inicio de la clase, Andy nos puso tres canciones: Canción Sin Miedo de Vivir Quintana, Ni Una Menos de Rebeca Lane y Bruja de Luna Santa. Al final de la clase, Andy nos invita a escribir nuestras historias y Karla, una de las compañeras dijo que podríamos escribir sobre la línea de lo que nos hacen sentir estas canciones: desde el dolor, el coraje y la sanación.

Terminó la clase, entré a redes sociales y apareció la noticia de Daisy Coleman, protagonista del documental Audrie & Daisy, dediqué las pocas horas que quedaban de la noche a ver el documental y terminé hecha un mar de lagrimas, llena de dolor. Hay una escena donde están varias chicas contando sus historias, todas víctimas de violación, mientras estaban inconscientes, rompí en llanto, terminó el documental, seguí llorando y mi escritora interior lo dijo en voz alta, entre lágrimas y mocos: “Es momento de escribir nuestra historia” y pues aquí está.

Ya acepto qué me pasó, que lo viví, soy consciente de que no fue mi culpa, ni la de mi mamá, ni la de mis amigas, el único culpable es el violador y el estúpido patriarcado claro está. Mis palabras son certeras cuando escribo y me digo que ya no estoy en esa etapa de mi vida, que hoy soy la mujer que soy, no por esa experiencia, lo soy por las otras miles de historias increíbles que he vivido y que esta historia volverá a salir cuando sea requerida, como hoy, cuando alguien necesite escucharla o leerla, mi corazón sabrá que es el momento para compartirla. El universo tiende a cruzarnos con las historias de otras personas cuando las necesitamos, así me pasó con el documental, con las historias de mis compañeras brujas en el Círculo de Mujeres, con las historias de #miprimeracoso y otras más que llegan en el momento en el que deben de llegar.

PS: Tardé dos semanas desde que lo escribí para agarrar valor y mandarla al correo de Luna.

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