Viajé a Nueva York, una ciudad que me atrapa y a la cual tuve que regresar después de algunos meses de conocerla por primera vez. Ese viernes no tenía un plan, sólo quería recorrer la ciudad y dejarme llevar por mis descubrimientos. Busqué estaciones de metro para ir al otro lado de la isla y apareció la estación que daba a la biblioteca pública y no quise perder la oportunidad de conocerla.
No imaginaba mi sorpresa, después de encontrar textos en latín, piezas relacionadas al lenguaje (soy intérprete, me obsesiona el lenguaje y su historia), vestidos antiguos, la hermosa arquitectura del edificio, ahí a escasos pasos de la entrada de la sala llamó mi atención un retrato, yo sabía que había visto ese rostro antes.

Caminé hacia ella, busqué la descripción de la obra y me encontré de frente con el retrato de Mary Wollstonecraft, un retrato de ella embarazada de quien sería su bebé, la futura Mary Shelley, autora de “Frankenstein”. La biblioteca ofrece una audioguía gratuita y me conmoví al escuchar cómo “la feminista desde mucho antes de que se inventara el término” luchó por la igualdad de los sexos, muestra de esto es su libro de 1792 “Vindicación de los derechos de la mujer” y mi corazón saltó cuando volteé hacia abajo y ¡ahí estaba! Su libro original, ¡ahí estaba!, me sentí de lo más afortunada y privilegiada de ver estos primeros pasos de nuestra lucha feminista ahí, frente a mí, el retrato en su segunda copia y el libro original, algo que jamás pensé poder ver así, con mis ojos.
Esto era sólo el principio, seguí caminando frente a las vitrinas y encontré uno de los 6 tomos originales del libro “Segundo Volumen de las obras de Sor Juana Inés de la Cruz” en su primera edición, libro que contiene su obra maestra poética “Primero Sueño”. ¡No lo podía creer! Sentí lágrimas en mis ojos. Parte de mí se sintió molesta y esperé que al menos uno de esos 6 volúmenes esté en México, donde pertenecen, al mismo tiempo me sentí muy orgullosa de encontrar las obras de esta mujer revolucionaria mexicana en este lugar, visto por miles de ojos de niñas y mujeres de todas las nacionalidades.

Y bueno, hermanas, ya estaba yo en total llanto de alegría, cuando volteo al lado derecho del retrato de Mary Wollstonecraft y me encuentro con el bastón de Virginia Wolf. Novelista, autora del ensayo feminista “Una habitación propia”. Resulta que esa biblioteca tiene la colección más grande de escritos y cartas de Virginia Wolf en todo el mundo. Este bastón es un símbolo de su muerte, Virginia lo usaba el día que murió, ahogada en el río. Su esposo escribió una carta en la que describía que Virginia no se estaba sintiendo bien, que sentía mucha tensión porque creía que se estaba volviendo loca de nuevo y que creía que se había quitado la vida, ya que encontró el bastón en el río, flotando.

Después de estas piezas, también encontré un boceto del Soneto 33 de Julia Álvarez, autora dominica estadounidense que publicó su primera colección de poesía llamado “Homecoming”, que habla sobre hogar y el cuidado de este desde la perspectiva feminista.

También, había un retrato de Susan B. Anthony, nada más y nada menos que una de las líderes sufragistas, con quien resoné tanto al saber que desafió todas las normas sociales de la feminidad al no tener hijos, mantenerse soltera y al desafiar todo el ambiente político dominado por hombres a través de su activismo abolicionista y su lucha por los derechos de las mujeres.

Y encontré a otra sufragista, Sojourner Truth. También abolicionista, un ícono ahora del feminismo, quien centró su atención en el machismo y también el racismo. Nació como esclava y se convirtió en una firme oradora y promotora de los derechos de las mujeres.
Había una pequeña impresión de Fannuie Lou Hamer, una mujer activista en contra de la opresión racial y de sexo que vivía en el Mississipi de los años 60. Era una activista negra con una mirada humanista que decía que, como mujer negra, su trabajo era apoyar lo correcto y llevar justicia a donde ha habido tanta injusticia.
Tuve que parar entre una pieza y otra, la emoción me inundó, me dejó sin aliento. Fue una total sorpresa para mí encontrar estas obras, saber que dentro de ese edificio donde yo estaba parada había muchísimo más material proveniente de estas valientes mujeres feministas que caminaron los primeros pasos para todas las que venimos tras ellas.
Es una fortuna haber estado en el mismo edificio que estas muestras de valentía, fuerza y feminismo. Un recordatorio de la lucha detrás de nosotras, de la rabia que nos inunda hasta esta época y que nos sigue alimentando para continuar luchando por los derechos de las mujeres y niñas de todo el mundo.
Por Nadia Cañamar

