Por Carime Esquiliano Sllim

Otro Cuerpo (Sophie Compton y Reuben Hamlyn, 2023) explora la creciente amenaza del deepfake y su impacto en la vida de las mujeres. El documental sigue de cerca la historia de Taylor, una joven cuya identidad digital fue robada y usada en videos pornográficos falsos, exponiendo así las fallas del sistema legal y la falta de protección en el ámbito digital.
Deepfake

Para empezar, tendríamos que conocer lo que es un deepfake. Es una técnica de inteligencia artificial que permite editar vídeos de personas que aparentemente son reales, utilizando para ello algoritmos y/o videos ya existentes. El resultado es un montaje profundamente realista, aunque falso.
Son creados mediante la combinación de un vídeo que es manejado como referente primario para el algoritmo, más otro vídeo o imagen de otra persona, el cual es procesado por el programa informático. Crear y difundir deepfakes es sencillo; identificarlos, comprobarlos y autentificarlos no lo es.
Un ejemplo destacado es el caso de Carrie Fisher en la cinta Rogue One (2016) en donde sus escenas las realizó otra actriz y manipularon el material para colocar la cara de Fisher sobre el cuerpo de la otra. La creación de imágenes falsificadas en las que una actriz o persona del espectáculo aparece participando en un vídeo pornográfico realizando actos sexuales se ha popularizado en recientes años e incrementado con el auge de la digitalización.
Para continuar, habría que explicar que la abolición de la pornografía es un punto en la agenda feminista y por qué. Lo siguiente lo retomo de Política sexual de la pornografía (Ediciones Cátedra, 2021) así como también de esta ponencia, ambas de Mónica Alario, quien expone la problemática a fondo.
Algunas ideas para comprenderlo son:
- La pornografía borra la línea que divide al sexo de la violencia sexual y -peor aún- la erotiza. El objetivo es claro: satisfacer el deseo masculino; lo cual siempre se cumple. ¿Por qué a tantos hombres les parece excitante realizar prácticas sexuales con una mujer que no desea realizar esas prácticas con ellos?
- Alario apunta hacia que la pornografía no es placer sexual, sino que es placer de sentir poder por encima de las mujeres. La pornografía no es sexo explícito (dada su condición de ficción), sino que muestra explícitamente lo que excita sexualmente a los hombres.
- En la pornografía existe una norma central: un hombre satisface su deseo por medio de su acceso al cuerpo de una niña o una mujer. Es irrelevante que haya deseo y/o consentimiento por parte de ellas.
- Si es posible entender que la pornografía es una forma de explotación sexual en contra de la mujer, entonces también lo es entender que el abuso deepfake es algo grave.
Aquí es donde entra el testimonio de Taylor. Víctima de abuso sexual deepfake, la seguimos en su búsqueda de justicia, la cual comprendería dos acciones: retirar los videos de la web y someter al responsable al proceso legal correspondiente. Pero ya sabemos cómo funciona internet. Bajo el supuesto de lograr eliminar el contenido de una página, las posibilidades de que se suba a otra son casi garantizadas. En internet difícilmente nada se borra nunca por completo. Adicionalmente, el anonimato es un elemento clave que obstaculiza encontrar quién opera detrás de estas imágenes.
El documental subraya sobre una complicación más: en la mayoría de los lugares del mundo, incluida la mayoría de los estados de EE.UU. (donde se desarrolla la cinta), no existen leyes que impidan que las personas creen y compartan material de abuso deepfake1.
La clásica culpabilidad patriarcal hacia las mujeres no se hace esperar: los policías cuestionan a Taylor sobre por qué subió fotos de ella en primer lugar a sus redes sociales. ¿Entonces las mujeres tendríamos que privarnos de usar internet por el solo hecho de que cualquiera puede generar este contenido o similar? Porque pareciera que sí. Pareciera que tanto este tipo de violencia digital como otros varios que poco a poco van nombrándose conforme van emergiendo, sugieren que las mujeres estamos en constante riesgo por formar parte de la cibernética sociedad contemporánea.
Taylor lo expresa de forma precisa: el acontecimiento le ha generado una sensación permanente de no estar segura en ningún lado. ¿Cómo se compensa la salud mental de las afectadas? ¿Cómo se resarce la paranoia generada? ¿Cómo se controla, regula o detiene esto?
Esto abre profundos cuestionamientos sobre un tema que evoluciona rápidamente. Es momento de hablar sobre los límites de las herramientas digitales y la ética que conlleva utilizarlas. El fenómeno tiene una connotación de aspecto político sexual que habría que incluir, urgentemente, en la agenda feminista global.
Un último detalle hace del documental uno de sumo valor no solamente por lo que expone. A modo de documental clásico vemos a Taylor a cuadro en numerosas escenas; la vemos también haciendo un diario digital con la cámara de su celular, hablando en videollamadas, etcétera. Lo que sorprende es el momento en el que ella confiesa que la imagen de la joven que estamos viendo no es su cara ni real ni verdadera sino la de una actriz. El documental es, en sí mismo, un deepfake. Comprobando así el arma de doble filo que es internet.
Otro Cuerpo estrenó en salas cinematográficas de México este viernes 21 de marzo. Para más información recomiendo el proyecto My Image My Choice, derivado a partir de los sucesos de la película. Disponible en: https://myimagemychoice.org/
Referencias: 1Tomado de My Image My Choice. Disponible en: https://myimagemychoice.org/

