
Para ser feminista hay que estar dispuesta a ser mala.
Mala para ser autónoma
Mala para decidir hacer las cosas que tú quieres hacer.
Mala para posponer la limpieza y sentarte a leer.
Mala para seguir tu camino.
Mala para decir adiós cuando ya no quieres estar, sin depender, sin sentirte desolada.
Mala para reclamar lo que te corresponde.
Mala para levantar la voz.
Mala para no quedarte callada.
Mala por rebelde.
Mala para cuestionar.
Mala para pensarte a ti misma, fuera de lo dado, de lo femenino, de lo impuesto, fuera de los cautiverios construidos para ti, fuera de la pseudo esencia femenina.
Mala para luchar, gritar, defenderte y hablar con tu verdad.
Mala para escribir tu historia.
Mala y malísima para considerarte sujeta y no objeto.
Malísima por vivir libre.
Mala porque de nosotras se espera que seamos buenas, eternamente buenas, tan buenas que nos dejemos de lado, que nos olvidemos de nosotras mismas, que pasemos a ser invisibles y silenciosas para no molestar.
Por eso para ser feminista tienes que estar
dispuesta a ser mala.
Andrea Gómez
Texto de: Andrea Gómez



Clara Campoamor conseguía la aprobación del voto de las mujeres en el Congreso de Diputados, España.
«Madre e Hija» (1982), foto de Adriana Lastido, Manifestación en Avellaneda
Clara Campoamor – Voto Femenino, España 1933

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